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REFLEXIONES SOBRE EL TIEMPO

Sé lo que es el tiempo, pero si me pides que te lo explique ya no lo
sé", decía San Agustín en el siglo V de esta era. En plena Edad Media,
esta definición denotaba el carácter subjetivo del tiempo. Era una
sensación, una intuición, algo que podía ser captado de manera
esencial, pero imposible de objetivar. Iban a pasar cuatro siglos
antes de que el monje benedictino Gerberto, que luego sería papa
(Silvestre II), creara grandes relojes de pesas y cuerdas. Y otros
cuatrocientos años para que, en el siglo XV, este tipo de relojes
empezara a ser instalado en lugares públicos, y el tiempo se
convirtiera en algo universalmente mensurable, en un hecho objetivo.

Pronto llegaría el positivismo, de la mano de Francis Bacon,
Copérnico, Galileo y, sobre todo, René Descartes, el filósofo francés
que con su célebre Discurso del Método impondría la duda cartesiana y
fundamentaría una visión de la ciencia que llega vigorosamente hasta
hoy. Esa duda cuestiona todos los saberes y propone que sólo existe lo
que puede ser demostrado, medido, pesado. "El cuerpo humano es como
una máquina –escribió el filósofo–; un hombre enfermo es como un reloj
descompuesto, un hombre sano es como un reloj bien hecho." Y así
instaló el reloj como un paradigma para la humanidad.

Descartes vivió entre 1596 y 1650. Cuatro siglos más tarde, acaso le
debamos nuestra dramática relación con el tiempo. Esta que nos hace
sentir, ante todo, su velocidad, su fugacidad. "No sé en qué se me fue
el tiempo". "No tengo tiempo para nada". "Necesito ganar tiempo". "No
me hagas perder tiempo". "Ahorremos tiempo". "Ojalá pueda hacerme un
poco de tiempo para…". Estas frases son lugares comunes en los
diálogos y en los monólogos. Se las dice o se las piensa. La vida
parece inconcebible sin reloj. Modelos elegantes y costosos,
estilizados, minimalistas, recargados, sencillos, de precios insólitos
por lo bajos o por lo altos. Los relojes están aquí, entre nosotros,
para recordarnos que el tiempo transcurre, que somos hijos de él. Así
convive con nosotros Cronos, dios griego del tiempo (adoptado como
Saturno en la mitología romana) que se comía a sus hijos para que
éstos no lo destronaran como dios de dioses. Como bien observaron y
estudiaron el gran psicólogo suizo Carl Jung y el mitólogo
estadounidense Joseph Campbell, los relatos míticos representan temas
arquetípicos de la humanidad, forman parte de su inconsciente
colectivo y se repiten encarnándose de una manera específica en cada
época y en cada persona. Visto así, parecemos insertos en una era
saturnina, devorados por el tiempo a través de una compleja red de
mandatos y "deberes" que nos agotan sin llevarnos a la paz interior, a
la armonía o, para decirlo sin eufemismos, a la felicidad.

Un círculo eterno

Hasta que se inició la dictadura del reloj, los seres humanos vivían
conscientes de que eran parte de la naturaleza; no se sentían ni al
margen ni por encima de ella. Los ciclos de la Luna, la secuencia de
las estaciones, las posiciones del Sol en el cielo, los celos de los
animales, eran observados y respetados; los ciclos de la propia vida
(niñez, adultez, vejez) también, y eso que hoy conocemos (y tememos)
como tiempo era una experiencia subjetiva y natural. En la cultura
hindú no existía el temor al paso de las edades (llamadas yugas)
porque se consideraba que, aunque transcurrieran el tiempo y la vida,
el ser era permanente. El tiempo era circular, no una flecha a la que
había que perseguir o de la que era necesario huir. Transcurría a
través de rituales cotidianos.

En Grecia, Platón consideraba el tiempo como "la imagen móvil de lo
eterno". Y si lo eterno era el alma, buena parte del tiempo debía
estar destinado a alimentarla. Ya después del reloj, en el siglo
XVIII, el filósofo idealista Emanuel Kant diría que el tiempo y el
espacio no están fuera de nosotros, sino que son categorías internas,
que se trata de una intuición que nos permite discernir lo que está
arriba o abajo, lo que ocurre antes o después.

Lo cierto es que mientras alguien escribe estas líneas y mientras
alguien las lee, el tiempo pasa. ¿Significa esto que se escapa?, ¿que
se pierde?, ¿o que se lo está invirtiendo? ¿Se puede hacer eso, en
fin, con el tiempo: ganarlo, perderlo, invertirlo, ahorrarlo?

No han faltado intentos de envasar esta materia huidiza. Aunque hay
muchos ejemplos (por ejemplo, el hecho de que la planificación y
administración del tiempo sea hoy una profesión), quizás uno de los
más celebres fue el de Frederick Winslow Taylor, que, en 1875, avanzó
con su programa de administración para que en las fábricas y talleres
se hicieran más cosas en menos tiempo. El tay­lorismo puso el acento
en la productividad antes que en la calidad del proceso que lleva a
los resultados. ¿No es esto en buena medida lo que nos ocurre cuando
tratamos de hacer muchas cosas y terminamos nadando en un mar de
ansiedad? ¿No será acaso que, puestos a usar "productivamente" el
tiempo, hemos perdido contacto con aquello que hacemos: conversar,
amar, leer, cocinar, caminar, mirar la caída o el nacimiento del sol,
escuchar música, sólo escucharla, mirar nuestro entorno, el mundo en
el que vivimos y al que pertenecemos? Acaso somos hoy tayloristas de
nuestras propias vidas.

Pregunta abierta

Franz Metcalf, doctor en filosofía, miembro del Instituto Forge para
la Espiritualidad y el Cambio Social, de Chicago, apunta en su libro
¿Qué haría Buda?: "En Occidente algunas personas les quitan toda la
vida a sus años con el fin de posponer su muerte. Es posible que vivan
más años, pero, ¿para qué?". Quizás esta frase dé en el corazón del
asunto. En esto mismo insiste el pensador Jacob Needleman, autor del
bello y profundo ensayo El tiempo y el alma: "El tiempo es más que un
problema, es una pregunta, tal vez la más importante que un hombre o
una mujer puedan enfrentar. Una pregunta que no se puede responder con
la mente, que es necesario sentir, experimentar. Debatimos sobre el
tiempo, pero rara vez sentimos lo que significa". El tiempo, según
Needleman, plantea "la pregunta del millón": ¿cómo vivimos nuestras
vidas?

¿Queremos vidas largas? Bien, ahí están la ciencia y la tecnología
trabajando para conseguírnoslas. ¿Largas para qué? El filósofo inglés
Alan Watts, uno de los primeros en enlazar el pensamiento occidental
con el oriental, reflexiona, en La sabiduría de la inseguridad, acerca
de cómo, en el transcurso del último siglo, nos hemos acelerado en la
búsqueda de productividad material, de logros tangibles, en busca de
ciertas metas (como el poder, el dinero, el éxito, el reconocimiento
social, la acumulación, la seguridad misma) convertidas en fines en sí
mismos y no en medios para construir vidas transcendentes. Así, dice
Watts, se perdieron tradiciones en los vínculos, en la vida social, en
la forma de gobernar, en la forma de trabajar, en lo religioso y en lo
espiritual. "Pareciera que cada vez hay menos rocas firmes a las que
podamos agarrarnos", señala. Y concluye: "Si todo es relativo, si la
vida es un torrente sin forma ni objetivo en cuyo flujo nada –salvo el
cambio– puede durar, pareciera que no hay futuro y, por ende, no hay
esperanza". Pareciera que la felicidad está siempre en el futuro,
piensa Watts, y corremos desbocados hacia él, haciendo caso omiso del
presente, aunque sin llegar a él. Entonces, claro, no hay tiempo que
alcance.

"Son muchísimas las personas que no logran vivir porque están siempre
preparándose para vivir", define Watts de una manera terminante. ¿Qué
es prepararse para vivir? En la práctica es posponer, estar muy
ocupado con urgencias, dejar para después en el orden de prioridades
aquellas cosas importantes o de veras preciadas y necesarias (amigos,
aficiones creativas, actividades y comunicación con seres queridos,
atención de la salud física y espiritual, alimentación emocional y
cultural) para anteponer otras que consideramos como paso "previo" y
"necesario" para lo otro.

Miedo al ocio

Una vez enzarzados en esta dinámica, cada segundo libre nos produce
pánico. Entonces le quitamos su sentido incluso al ocio, dejamos de
concebirlo como ese tramo de tiempo que dedicamos, simplemente, a ser
y estar. Necesitamos sentir que nuestro ocio es productivo. Como fuego
helado, como descontrol controlado, como luz negra, como clamoroso
silencio, como muerto vivo, como amarga dulzura, también ocio
productivo es un oxímoron (construcción verbal y mental que contradice
toda lógica). El ocio no necesita justificarse en la productividad: es
un tramo de nuestro tiempo en el que, simple y necesariamente,
estamos, no hacemos. No es un espacio para llenar. Si es productivo,
no es ocio.

Esta es otra dramática paradoja de nuestra relación con el tiempo: o
sentimos que carecemos de él, que nos falta, o, cuando finalmente lo
tenemos, nos angustia, necesitamos "ocuparlo", "llenarlo".
Probablemente hay un cercano vínculo entre este fenómeno y la
sensación de que nuestra vida se escurre sin haber alcanzado una
respuesta acerca de su sentido. Sostenía Carl Jung que el sentido de
una vida se plasma cuando una persona alcanza su individuación, es
decir, cuando integra sus partes (las conscientes y las
inconscientes), las acepta, las complementa y acaba por ser ella
misma, no lo que "debe", lo que "fantasea" ser, lo que "se espera" que
sea, sino lo que es. Una tarea para la cual, admite, a menudo no
alcanza una vida, pero que justifica esa vida.

En ese punto interviene nuevamente Jacob Needleman. "Para estar aquí y
ahora, para habitar en su totalidad el tiempo presente, hay que tener
dos vidas simultáneas –dice–; una vida exterior y una vida interior."
La exterior es la de nuestras actividades, la de nuestros deberes, la
de nuestras demandas que provienen de afuera, a veces deseadas y
esperadas, otras veces no. La vida interior remite a una búsqueda
intransferible, que nadie puede hacer por cada persona. La búsqueda de
las prioridades esenciales, de esas que no se miden por lo que
exhibimos, sino por nuestro estado emocional. Para esta búsqueda hay
que darse tiempo. "Otra clase de tiempo" –recuerda Needleman–, que no
está en los relojes ni en los calendarios. "El mundo puede ser medido
con un reloj y después computadorizado", dice el filósofo. Pero esto
es sólo la manipulación del tiempo, un ejercicio que se realiza en la
superficie y no en la profundidad de la vida. Tiene un alto contenido
de ilusión.

La música interior

En realidad, como dice el propio Needleman, en el interior de cada
individuo hay un ritmo personal, el ritmo de su naturaleza
intransferible. Cuando las personas no están en sintonía con esa
cadencia y aceptan, o se imponen a sí mismas, otros ritmos, el tiempo
empieza a ser un problema en sus vidas. Y seguirá siéndolo mientras se
lo afronte como una cuestión de medidas. El tiempo es más que el uso
que hacemos de los nanosegundos (categoría de última generación),
segundos, minutos, horas, días, semanas, meses o años.

"La programación y el control eficientes del tiempo a menudo resultan
contraproducentes", apunta Stephen Covey, prestigioso asesor en
liderazgo y autor del ya clásico Los siete hábitos de la gente
altamente efectiva. "Administración del tiempo –añade– es una
expresión poco feliz; el desafío no consiste en administrar el tiempo,
sino en administrarnos a nosotros mismos."

Covey propone incluir en nuestra relación con el tiempo una clara
concepción de nuestros valores. Relacionar el tiempo con los valores
significa asignarlo a aquellas cuestiones que realmente son
importantes para nosotros, aquellas que están en armonía con nuestro
ritmo y nuestra melodía interiores. En el largo, medio o corto plazo,
dice Covey, es decisivo orientar energía y tiempo en la dirección de
esos valores.

El tiempo "escapa", se "pierde", "escasea", "vuela", cuando se aplica
a expectativas que no conducen a desarrollar relaciones ricas, a
satisfacer necesidades humanas íntimas y esenciales, a disfrutar de
momentos espontáneos, no planificados y no necesariamente
"productivos". En la concepción de Covey, poner el acento en nuestros
valores nos permite priorizar lo que de veras es importante. Cuando no
lo hacemos, corremos detrás de lo urgente, carecemos de un eje: los
acontecimientos (familiares, laborales, sociales) marcan nuestra
agenda. Lo urgente reclama reacción, nos saca de la ruta por la que
veníamos, nos altera. Lo importante apunta a resultados mediatos, a
nuestra misión en la vida, a nuestros valores y propósitos
trascendentes, que van más allá de nosotros mismos, de nuestra
satisfacción inmediata y efímera. Ante la urgencia, sólo reaccionamos;
ante lo que es importante, actuamos.

Nuestra relación con el tiempo necesita responsabilidad: la facultad
del ser humano de responder a las consecuencias de sus acciones, de
hacerse cargo del resultado de sus elecciones y decisiones. Responder
y hacerse cargo significan algo más que palabras: se trata de
actitudes, de acciones, de conductas. El ejercicio pleno y consciente
de la responsabilidad lleva a construir una vida elegida, no una vida
dictada. Desde ya, esa vida se construirá en la cinta del tiempo, pero
–como señalan las consultoras Diana Hunt y Pamela Hait en su Tao del
tiempo– "ya no remamos contra la corriente ni procuramos forzar los
hechos", ponemos el acento en nuestro camino, en nuestra elección; no
trabajamos contra el tiempo, apresurados por derrotar al reloj,
atiborrando nuestro calendario. Hunt y Hait dicen: "Cuando vivimos
enfocados en el ser, se reacomodan el hacer y el tener… y
desaceleramos".

La cara del tiempo

El tiempo, en fin, somos nosotros. No está en los relojes ni en los
calendarios. El tesoro a recuperar, cuando sentimos que el tiempo es
una fortuna perdida, es nuestra vida. Lo que hacemos con nuestra vida
es lo que hacemos con el tiempo. Muchos grandes humanistas (como Erich
Fromm, Víktor Frankl, Carl Jung, entre otros) han coincidido en que
cada existencia tiene un sentido, y que descubrirlo y esculpirlo es
responsabilidad de cada quien. El propio Albert Camus (autor de El
extranjero, premio Nobel de Literatura, pensador existencialista)
admitía que, aun si la vida fuera un absurdo, sólo por eso sería
necesario darle un sentido.

Ese sentido puede caber en una frase de Thomas Jefferson: "Procura
dejar el mundo un poco mejor de como lo encontraste". Cada persona
puede traducir esto a acciones propias, singulares, intransferibles e
irreemplazables. Mientras no lo hace, el tictac del reloj suena con
más intensidad. Y genera ansiedad. Cada vez que alguien se hace
responsable de su vida, elige lo que le permite estar en armonía
profunda consigo, y no pide que le den una vida ni que se la
diagramen, sino que la construye responsablemente, su alma se aquieta,
encuentra paz. Y el reloj pasa a segundo plano. Porque el alma no usa
reloj.

Sergio Sinay
Publicado en La Nación de Buenos Aires
Domingo 8 de Junio 2008

EL LIBRO
Jorge Luis Borges


"De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación.

Todo libro que vale la pena de ser releído ha sido escrito por el Espíritu. Es decir, un libro tiene que ir más allá de la intención de su autor. La intención del autor es una pobre cosa humana, falible, pero en el libro tiene que haber más. El Quijote, por ejemplo, es más que una sátira de los libros de caballería. Es un texto absoluto en el cual no interviene, absolutamente para nada, el azar.

Yo he tratado más de releer que de leer, creo que releer es más importante que leer, salvo que para releer se necesita haber leído. Yo tengo ese culto del libro.

Yo sigo jugando a no ser ciego, yo sigo comprando libros, yo sigo llenando mi casa de libros. Los otros días me regalaron una edición del año 1966 de la Enciclopedia de Brokhause. Yo sentí la presencia de ese libro en mi casa, la sentí como una suerte de felicidad. Ahí estaban los veintitantos volúmenes con una letra gótica que no puedo leer, con los mapas y grabados que no puedo ver; y sin embargo, el libro estaba ahí. Yo sentía como una gravitación amistosa del libro. Pienso que el libro es una de las posibilidades de felicidad que tenemos los hombres.

Se habla de la desaparición del libro; yo creo que es imposible. Se dirá qué diferencia puede haber entre un libro y un periódico o un disco. La diferencia es que un periódico se lee para el olvido, un disco se oye asimismo para el olvido, es algo mecánico y por lo tanto frívolo. Un libro se lee para la memoria.

Tomar un libro y abrirlo guarda la posibilidad del hecho estético. ¿Qué son las palabras acostadas en un libro? ¿Qué son esos símbolos muertos? Nada absolutamente. ¿Qué es un libro si no lo abrimos? Es simplemente un cubo de papel y cuero, con hojas; pero si lo leemos ocurre algo raro, creo que cambia cada vez.

Cada vez que leemos un libro, el libro ha cambiado, la connotación de las palabras es otra. Además, los libros están cargados de pasado. Los lectores han ido enriqueciendo el libro.

Si leemos un libro antiguo es como si leyéramos todo el tiempo que ha transcurrido desde el día en que fue escrito y nosotros. Por eso conviene mantener el culto del libro. El libro puede estar lleno de erratas, podemos no estar de acuerdo con las opiniones del autor, pero todavía conserva algo sagrado, algo divino, no con respeto supersticioso, pero sí con el deseo de encontrar felicidad, de encontrar sabiduría.

Eso es lo que quería decirles hoy".

El náhuatl es un idioma tan complejo como el alemán

El escritor mexicano Carlos Montemayor, coordinador del Diccionario del Náhuatl en el Español de México, aseguró que ese idioma constituye un sistema lingüístico tan complejo como el alemán. Al referirse a esta iniciativa de la Universidad Autónoma de México (UNAM), Montemayor comentó que a veces solemos creer que los idiomas pueden diferenciarse por distintos grados de crecimiento y que las lenguas con cierto desarrollo son el inglés, el portugués, el francés, el español y que los otros, son tan sólo dialectos.
Destacó que no hay idiomas superiores y que todos son sistemas lingüísticos definibles en los mismos términos, asegurando que «el náhuatl es un sistema lingüístico tan complejo como el alemán».
Desconocemos el origen y significado de diversos términos de nuestro español de México: los nombres de las plantas y de las colinas, así como otra enorme cantidad de palabras tienen su toponimia en Náhuatl, expresó. Es por ello que reconocer a nuestro país como una nación multicultural y multilingüe, no sólo enriquece el acercamiento a nuestro entorno, además lo informa, añadió a través de un comunicado.
Para José del Val, titular del Programa Universitario México Nación Multicultural –que patrocina la iniciativa junto con el gobierno mexicano– todo aquel que se acerque al Diccionario se dará cuenta que esta lengua (el náhuatl) es suya. No queremos sustituir al español, sino simplemente reconocer el carácter multilingüe de la sociedad mexicana, y es algo que tenemos que recuperar, pues el náhuatl y otras lenguas indígenas están recluidas en el hogar, comienzan a relegarse porque no tienen ningún uso ni relevancia fuera de un entorno íntimo familiar, aseguró.
El náhuatl es la lengua indígena con mayor número de hablantes, con más de un millón, en los estados de Guerrero, Morelos, Puebla, Veracruz, Hidalgo y el Distrito Federal, entre los más representativos.
En este contexto, presentó el Diccionario Náhuatl en el Español de México, este sábado en la Antigua Capilla del Palacio de Minería, con la presencia de personalidades como Miguel León Portilla, Carlos Montemayor, José del Val, Enrique Rivas Paniagua, Librado Silva y Enrique García Escamilla.

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La Nueva Gramática de la lengua española
Por Shelmar Vásquez Sween, La Prensa, Panamá

La Nueva Gramática de América que probablemente verá la luz entre finales de 2008 y comienzos de 2009, ya es considerada por los miembros de la Real Academia Española (RAE) como un hito en la historia del estudio de la lengua castellana que, hoy día, es utilizada por unos 400 millones de usuarios nativos, según el último censo (2007) realizado por la entidad.
Este texto, que vendrá a reemplazar la obsoleta edición elaborada en 1931 —la cual sufrió unas leves actualizaciones en 1973— contendrá en su versión completa más de 2.500 páginas y, en su forma abreviada de tipo manual, tendrá 600 páginas aproximadamente.
Según el catedrático de lengua española de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Fernando Lázaro Mora, por primera vez en la historia la RAE decidió convocar a las veintidós academias establecidas en el mundo para la realización de este texto. Explica que al involucrar a todas las academias de Iberoamérica, España, Estados Unidos y Filipinas, se logra reflejar en un texto lo que nunca antes se había hecho: recoger y plasmar las diferentes formas en que se habla y se entiende el español en el mundo entero. Lázaro Mora argumenta que no ha sido fácil llegar a consensos. Pero el resultado final después de más de diez años de discusión, análisis y acuerdos ha sido sorprendente porque se logra aclarar casi 88 años de dudas sobre el lenguaje español, desde sus perspectivas de sintaxis, fonética, morfología, fonología, normativa y matiz.
Por su parte, el académico de la RAE Ignacio Bosque, quien planeó la elaboración de la nueva gramática, confesó que no hay trampas en este "tan esperado texto" porque no se le ha permitido a los actuales guardianes de la lengua incurrir, en la que era considerada una práctica común entre sus antecesores, la de archivar cualquier detalle gramatical que se vislumbrara como un problema difícil de resolver. Por esto, Bosque se atreve a asegurar que la nueva biblia del español no tendrá nada que ver con aquellos textos que se creaban con bases tradicionales, siendo al final, poco descriptivos y rudimentarios; más bien, se trata de una herramienta cons-truida con una nueva metodología que incorpora innumerables hallazgos encontrados sobre el castellano universal.

www.elcastellano.org

En hommage à la poétesse chilienne Gabriela Mistral
Haïti - Chili : Célébrer la poésie en terre caribéenne autour de thèmes évocateurs, comme l'exil.

Vendredi 19 janvier 2007
Par Djems Olivier

Comme des adeptes, en quête de bénédiction, ils étaient nombreux, ce soir-là, à se rassembler dans les jardins de l’Institut français d'Haïti (IFH), à l'écoute du poète haïtien Claude Pierre et de son homologue chilien Luis Del Rio Donoso.

P-au-P, 19 Janv. 07 [AlterPresse] --- Attablés côte-à-côte, comme deux complices, sur la petite tribune de l’Institut français, les deux poètes, Claude Pierre (Haïti) et Luis Del Rio Donoso (Chili), étaient entourés, en ce soir du jeudi 18 janvier 2007, de quatre autres personnes, dont l'Ambassadeur chilien accrédité dans la république caribéenne, Marcel Young, et le directeur de l’institut Paul-Élie Lévy, dans le cadre de ce « Dialogue poétique ».

Amants des belles Lettres, jeunes poètes haïtiens, chacun prenait place dans l’assistance pour écouter ces deux vétérans de la poésie latino-américaine, invités à partager leurs « itinérances » avec le public haïtien.

« Je suis très surpris ce soir, parce que, en général, la poésie ne fait toujours pas bonne recette », s’étonne, d’entrée de jeu, le Poète et Linguiste haïtien Claude Pierre.

Cette soirée était considérée comme un hommage à la poétesse, pédagogue et activiste chilienne Gabriela Mistral, de son vrai nom Lucila Godoy y Alcayaga, Prix Nobel de Littérature en 1945. C’était donc le premier Prix Nobel de littérature décerné à une écrivaine hispano-américaine.

Ce Dialogue poétique, qui a reçu le soutien de l’Ambassade du Chilien en Haïti est dédié « en mémoire d’une femme, Gabriela Mistral, qui nous a laissés, mais qui est toujours parmi nous » à travers ses œuvres, a déclaré le diplomate chilien Marcel Young, assis à côté de l’artiste chilienne, Évelyne Mozalez.

Des poèmes, du premier Prix Nobel hispano-américain de Littérature,
ont été lus en Espagnol, en Créole et en Français.

A Port-au-Prince, une exposition baptisée « América es mi Victoria », en hommage à la poétesse Gabriela Mistral, est ouverte à la Fondation Connaissance et Liberté (FOKAL) depuis le mardi 16 janvier 2007.

Selon l’Ambassadeur Young, Gabriela Mistral était la voix des personnes sans voix, des femmes, des hommes de la terre, des ouvriers.

Les deux poètes invités en cette soirée n’ont pas pris du temps pour répliquer.

Del Rio-Donoso et Pierre ont commencé leur « Dialogue » en mettant l'accent sur des mots, comme l'Exil, l'Absence, la Générosité, la Tolérance, la Vertu, qui mènent, selon eux, à la réflexion.
Pour le Poète chilien résidant en France, la poésie n'est ni le texte ni les mots.
C'est tout simplement ce que vous ressentez. A chaque bout de phrase de Luis Del Rio Donoso, il y avait toujours une réplique poétique de Claude Pierre, tantôt avec des textes extraits de son recueil « Le Voyage Inventé », tantôt avec des expressions métaphoriques qui incitent tout un chacun à se plonger dans l’univers poétique pour le meilleur et pour le pire.

Le thème « Exil » apparaît dans les principaux textes dits par ces grands poètes qui, tous deux, ont connu l'exil pour échapper aux régimes dictatoriaux qui ont sévi dans leur pays d’origine.

Luis Del Rio Donoso a été contraint à laisser illico le Chili, en 1977, à destination du Venezuela, après le coup d'Etat de feu Général Augusto Pinochet en septembre 1973. Le poète, qui a grandi dans l'univers des quartiers populaires de Santiago dans les années mille neuf cent cinquante (1950), réside jusqu’à aujourd'hui en France. Sa poésie est nourrie de ses voyages et de ses souvenirs d’enfance.

Claude Pierre, quant à lui, est parti au Canada en 1970 sous la dictature de François Duvalier où il fait des études en littérature et linguistique, d’abord à l’Université Laval à Québec et, par la suite, jusqu’au niveau du doctorat à l’université d’Ottawa. De retour au pays, en 1986, à la chute de la dictature trentenaire, Claude Pierre a été nommé professeur de littérature contemporaine à l'Université d'État d'Haïti, enseignant la méthodologie et la sémiotique. Sa poésie a pour thème majeur la générosité, sans céder pour autant au misérabilisme ni réduire ses enjeux à la seule question identitaire.

Né à Corail (Grande Anse, Sud-Ouest d'Haïti) le 28 février 1941, Claude Pierre se distingue par une poésie, écrite en Français et en Créole, qui tend la main sans distinction de frontières, de couleurs ni de condition sociale.

Djems Olivier [AlterPresse]
source : http://www.alterpresse.org/spip.php?article5601

Interview Luis del Rio-Qu'est ce que la Poésie pour vous? http://www.artslivres.com/ShowArticle.php?Id=129

L’héritage de Neruda

Le mot qui vienne à mon esprit après avoir lu le Chant Général c’est le terme de RESISTANCE.
J’imagine Neruda parcourant les différentes régions du Chili, clandestinement, après avoir été banni par Gonzalez Videla en 1947 pour avoir écrit un pamphlet contre le gouvernement dans le style du « J’accuse » d’Émile Zola. Je l’imagine écrivant sur plusieurs morceaux de papier ce qui sera, à posteriori, un des livres majeurs de la littérature latino-américaine et du monde. Pour lui, comme pour tout poète, le fait d’écrire et de décrire est déjà une résistance. Dire NON à l’oubli parce qu’oublier c’est ne pas avoir vécu. Et la poésie est, entre autres, l’expérience, le vécu et la trascendence. Le Chant Général est l’exploration de plusieurs univers, c’est donc une résistance créative aidant à modifier la réalité.

Car pour un poète travailler l’écriture c’est essentiellement explorer sa vie intérieure, c’est apprendre à déchiffrer les messages de l’existence, décrire la topographie naturelle et surtout donner un sens aux expériences gardées dans la mémoire. La polyphonie du langage écrit traduit la pensée silencieuse et dignifie l'humain. En poésie, les schémas traditionnels de l'écriture ne sont pas importants. L'essentiel ne possède aucune explication logique. La raison raisonne, le poétique se ressent, parce qu'au-delà de tout le raisonnable, le poète cultive la sagesse des émotions et des abîmes humains. Il écoute les silences, il explore les mystères et rend possible l'impossible grâce à la métaphore. Son langage possède une autre dimension : celle des sensations et de l'imagination effervescente ; il s'efforce de représenter l'inexplicable.

Un poète a toujours l'imagination en mouvement. Il s'enveloppe de plusieurs cultures parce que pour lui, imaginer signifie transformer. Sa pensée recrée par des images la symbiose quotidienne de la raison et de la spiritualité qui enrichit tout langage. Car tout être est une parole qui crée. Et comme d’autres poètes ou d’autres philosophes, Pablo Neruda avait compris que le verbe se faisait mot jusqu'aux dernières cendres. Il s’est interrogé sur nos origines et pour lui, l’histoire Universelle a commencé dès la découverte du Nouveau Monde. Il a poétisé les étapes de la conquête et valorisé nos ancêtres indigènes. Il a remis à leur place les conquérants de l’épée et de la croix.

Son imagination déborde. Pour lui imaginer c'est découvrir et faire découvrir le réel et l'irréel. C'est transformer le voyage onirique en une invitation constante pour créer des utopies face à une réalité parfois sinistre. La réalité éclairée par une poésie plus profonde provoque la révélation, ou tout du moins, une nouvelle interrogation.

Écrire de la poésie, donc c'est sonoriser ce qui ne se voit pas mais se ressent, c'est conjuguer le verbe aimer dans chaque être, dans chaque objet, dans chaque murmure de la nature et dans chaque sensation pour qu’ils fleurissent sur les lèvres du verbe. La parole et seulement la parole métaphorique valorise l’existence. Le Chant Général c’est le miroir où nous pouvons nous regarder nous-mêmes et redécouvrir une variété inépuisable des visages du monde. Voilà un des aspects transcendantaux du recueil. Et si parfois certains thèmes semblent récurrents, il y a toujours le miracle de l’illusion qui nous fascine.

Avec le temps, tout se défait et tout s’envole. Mais le murmure d’une phrase ou la lecture d’images qui nous émeuvent et que nous garderons toujours en mémoire continueront à broder les fils de notre existence. En effet, au-delà du temps la parole est vitale pour résister à l’esclavage moderne qu’est la domestication des esprits. Et rien n’est plus ennuyeux aujourd’hui que d’écouter la répétition de paroles sans âme. C’est la nouveauté qui provoque l’étonnement. C’est le métissage linguistique qui aide au développement des langues et surtout à leur survie. Nous retrouvons dans la polyphonie du Chant générale une diversité d’expressions et de rythmes qui n’ont pas échappé aux musicologues de différentes nationalités. Plusieurs poèmes ont été mis en musique et principalement cette Cantate de Theodorakis. Personnellement je reste avec la Tonada à Manuel Rodriguez, ce guérillero de l’époque de l’indépendance, personnage romantique, habile, qui s’est opposé aux Espagnols en déclenchant une sorte de guérilla urbaine. Il fomentait des actions dans toutes les zones du Chili, mais l’armée officielle ne l’a jamais capturé.

Tous ces airs font partie d’un héritage artistique important grâce au poète chilien. Mais, à mon avis, le grand héritage réside dans la diversité des styles et des sujets abordés qui vont de la chronique, à l’histoire ou à la nature. Tout est poésie.
Neruda a déclaré que nous sommes les chroniqueurs d’une naissance d’Amérique retardée. Mais retardée par le féodalisme, par la faim et la stagnation. Il ne s’agit pas seulement de préserver notre culture, mais de la livrer à toutes nos forces, de la nourrir et de lui permettre de fleurir.
La parole du poète a survécu à de rudes épreuves. Mais il n’a pas chanté en vain. Trente ans après le coup d’état au Chili, ses mots possèdent encore une force morale qui nous invite à continuer cette résistance. La bête est toujours là. Elle est sur les visages des hypocrites qui ont ni patrie ni frontières.
Les vers du Chant général doivent nous servir à nous maintenir en éveil afin de poursuivre notre lutte pour notre droit à rêver, contre les inégalités et la mondialisation de la stupidité. Le poète nous demande d’être créatif pour modifier la réalité. Et comme il l’écrit à la fin de son livre : Ma parole renaîtra, Dans un autre temps sans douleur peut-être…Et l’on verra flamber à nouveau et très haut Mon cœur brûlant et étoilé.

Luis DEL RIO DONOSO

Note
Texte lu à Saint-Yorre, le Samedi 1 Juin 2002, pour les Cinquante ans du Chant Général, organisé par l’association Araucaria. Ils ont participé le traducteur du poète Claude Couffon, la comédienne Catherine Allégret et le Chœur et Orchestre de Clermont-Ferrand sous la direction de Claude Giot.



 




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