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REFLEXIONES SOBRE EL TIEMPO
Sé lo que es el tiempo, pero si me pides que te lo explique
ya no lo
sé", decía San Agustín en el siglo V de
esta era. En plena Edad Media,
esta definición denotaba el carácter subjetivo del
tiempo. Era una
sensación, una intuición, algo que podía ser
captado de manera
esencial, pero imposible de objetivar. Iban a pasar cuatro siglos
antes de que el monje benedictino Gerberto, que luego sería
papa
(Silvestre II), creara grandes relojes de pesas y cuerdas. Y otros
cuatrocientos años para que, en el siglo XV, este tipo de
relojes
empezara a ser instalado en lugares públicos, y el tiempo
se
convirtiera en algo universalmente mensurable, en un hecho objetivo.
Pronto llegaría el positivismo, de la mano de Francis Bacon,
Copérnico, Galileo y, sobre todo, René Descartes,
el filósofo francés
que con su célebre Discurso del Método impondría
la duda cartesiana y
fundamentaría una visión de la ciencia que llega vigorosamente
hasta
hoy. Esa duda cuestiona todos los saberes y propone que sólo
existe lo
que puede ser demostrado, medido, pesado. "El cuerpo humano
es como
una máquina –escribió el filósofo–;
un hombre enfermo es como un reloj
descompuesto, un hombre sano es como un reloj bien hecho."
Y así
instaló el reloj como un paradigma para la humanidad.
Descartes vivió entre 1596 y 1650. Cuatro siglos más
tarde, acaso le
debamos nuestra dramática relación con el tiempo.
Esta que nos hace
sentir, ante todo, su velocidad, su fugacidad. "No sé
en qué se me fue
el tiempo". "No tengo tiempo para nada". "Necesito
ganar tiempo". "No
me hagas perder tiempo". "Ahorremos tiempo". "Ojalá
pueda hacerme un
poco de tiempo para…". Estas frases son lugares comunes
en los
diálogos y en los monólogos. Se las dice o se las
piensa. La vida
parece inconcebible sin reloj. Modelos elegantes y costosos,
estilizados, minimalistas, recargados, sencillos, de precios insólitos
por lo bajos o por lo altos. Los relojes están aquí,
entre nosotros,
para recordarnos que el tiempo transcurre, que somos hijos de él.
Así
convive con nosotros Cronos, dios griego del tiempo (adoptado como
Saturno en la mitología romana) que se comía a sus
hijos para que
éstos no lo destronaran como dios de dioses. Como bien observaron
y
estudiaron el gran psicólogo suizo Carl Jung y el mitólogo
estadounidense Joseph Campbell, los relatos míticos representan
temas
arquetípicos de la humanidad, forman parte de su inconsciente
colectivo y se repiten encarnándose de una manera específica
en cada
época y en cada persona. Visto así, parecemos insertos
en una era
saturnina, devorados por el tiempo a través de una compleja
red de
mandatos y "deberes" que nos agotan sin llevarnos a la
paz interior, a
la armonía o, para decirlo sin eufemismos, a la felicidad.
Un círculo eterno
Hasta que se inició la dictadura del reloj, los seres humanos
vivían
conscientes de que eran parte de la naturaleza; no se sentían
ni al
margen ni por encima de ella. Los ciclos de la Luna, la secuencia
de
las estaciones, las posiciones del Sol en el cielo, los celos de
los
animales, eran observados y respetados; los ciclos de la propia
vida
(niñez, adultez, vejez) también, y eso que hoy conocemos
(y tememos)
como tiempo era una experiencia subjetiva y natural. En la cultura
hindú no existía el temor al paso de las edades (llamadas
yugas)
porque se consideraba que, aunque transcurrieran el tiempo y la
vida,
el ser era permanente. El tiempo era circular, no una flecha a la
que
había que perseguir o de la que era necesario huir. Transcurría
a
través de rituales cotidianos.
En Grecia, Platón consideraba el tiempo como "la imagen
móvil de lo
eterno". Y si lo eterno era el alma, buena parte del tiempo
debía
estar destinado a alimentarla. Ya después del reloj, en el
siglo
XVIII, el filósofo idealista Emanuel Kant diría que
el tiempo y el
espacio no están fuera de nosotros, sino que son categorías
internas,
que se trata de una intuición que nos permite discernir lo
que está
arriba o abajo, lo que ocurre antes o después.
Lo cierto es que mientras alguien escribe estas líneas y
mientras
alguien las lee, el tiempo pasa. ¿Significa esto que se escapa?,
¿que
se pierde?, ¿o que se lo está invirtiendo? ¿Se
puede hacer eso, en
fin, con el tiempo: ganarlo, perderlo, invertirlo, ahorrarlo?
No han faltado intentos de envasar esta materia huidiza. Aunque
hay
muchos ejemplos (por ejemplo, el hecho de que la planificación
y
administración del tiempo sea hoy una profesión),
quizás uno de los
más celebres fue el de Frederick Winslow Taylor, que, en
1875, avanzó
con su programa de administración para que en las fábricas
y talleres
se hicieran más cosas en menos tiempo. El taylorismo
puso el acento
en la productividad antes que en la calidad del proceso que lleva
a
los resultados. ¿No es esto en buena medida lo que nos ocurre
cuando
tratamos de hacer muchas cosas y terminamos nadando en un mar de
ansiedad? ¿No será acaso que, puestos a usar "productivamente"
el
tiempo, hemos perdido contacto con aquello que hacemos: conversar,
amar, leer, cocinar, caminar, mirar la caída o el nacimiento
del sol,
escuchar música, sólo escucharla, mirar nuestro entorno,
el mundo en
el que vivimos y al que pertenecemos? Acaso somos hoy tayloristas
de
nuestras propias vidas.
Pregunta abierta
Franz Metcalf, doctor en filosofía, miembro del Instituto
Forge para
la Espiritualidad y el Cambio Social, de Chicago, apunta en su libro
¿Qué haría Buda?: "En Occidente algunas
personas les quitan toda la
vida a sus años con el fin de posponer su muerte. Es posible
que vivan
más años, pero, ¿para qué?". Quizás
esta frase dé en el corazón del
asunto. En esto mismo insiste el pensador Jacob Needleman, autor
del
bello y profundo ensayo El tiempo y el alma: "El tiempo es
más que un
problema, es una pregunta, tal vez la más importante que
un hombre o
una mujer puedan enfrentar. Una pregunta que no se puede responder
con
la mente, que es necesario sentir, experimentar. Debatimos sobre
el
tiempo, pero rara vez sentimos lo que significa". El tiempo,
según
Needleman, plantea "la pregunta del millón": ¿cómo
vivimos nuestras
vidas?
¿Queremos vidas largas? Bien, ahí están la
ciencia y la tecnología
trabajando para conseguírnoslas. ¿Largas para qué?
El filósofo inglés
Alan Watts, uno de los primeros en enlazar el pensamiento occidental
con el oriental, reflexiona, en La sabiduría de la inseguridad,
acerca
de cómo, en el transcurso del último siglo, nos hemos
acelerado en la
búsqueda de productividad material, de logros tangibles,
en busca de
ciertas metas (como el poder, el dinero, el éxito, el reconocimiento
social, la acumulación, la seguridad misma) convertidas en
fines en sí
mismos y no en medios para construir vidas transcendentes. Así,
dice
Watts, se perdieron tradiciones en los vínculos, en la vida
social, en
la forma de gobernar, en la forma de trabajar, en lo religioso y
en lo
espiritual. "Pareciera que cada vez hay menos rocas firmes
a las que
podamos agarrarnos", señala. Y concluye: "Si todo
es relativo, si la
vida es un torrente sin forma ni objetivo en cuyo flujo nada –salvo
el
cambio– puede durar, pareciera que no hay futuro y, por ende,
no hay
esperanza". Pareciera que la felicidad está siempre
en el futuro,
piensa Watts, y corremos desbocados hacia él, haciendo caso
omiso del
presente, aunque sin llegar a él. Entonces, claro, no hay
tiempo que
alcance.
"Son muchísimas las personas que no logran vivir porque
están siempre
preparándose para vivir", define Watts de una manera
terminante. ¿Qué
es prepararse para vivir? En la práctica es posponer, estar
muy
ocupado con urgencias, dejar para después en el orden de
prioridades
aquellas cosas importantes o de veras preciadas y necesarias (amigos,
aficiones creativas, actividades y comunicación con seres
queridos,
atención de la salud física y espiritual, alimentación
emocional y
cultural) para anteponer otras que consideramos como paso "previo"
y
"necesario" para lo otro.
Miedo al ocio
Una vez enzarzados en esta dinámica, cada segundo libre
nos produce
pánico. Entonces le quitamos su sentido incluso al ocio,
dejamos de
concebirlo como ese tramo de tiempo que dedicamos, simplemente,
a ser
y estar. Necesitamos sentir que nuestro ocio es productivo. Como
fuego
helado, como descontrol controlado, como luz negra, como clamoroso
silencio, como muerto vivo, como amarga dulzura, también
ocio
productivo es un oxímoron (construcción verbal y mental
que contradice
toda lógica). El ocio no necesita justificarse en la productividad:
es
un tramo de nuestro tiempo en el que, simple y necesariamente,
estamos, no hacemos. No es un espacio para llenar. Si es productivo,
no es ocio.
Esta es otra dramática paradoja de nuestra relación
con el tiempo: o
sentimos que carecemos de él, que nos falta, o, cuando finalmente
lo
tenemos, nos angustia, necesitamos "ocuparlo", "llenarlo".
Probablemente hay un cercano vínculo entre este fenómeno
y la
sensación de que nuestra vida se escurre sin haber alcanzado
una
respuesta acerca de su sentido. Sostenía Carl Jung que el
sentido de
una vida se plasma cuando una persona alcanza su individuación,
es
decir, cuando integra sus partes (las conscientes y las
inconscientes), las acepta, las complementa y acaba por ser ella
misma, no lo que "debe", lo que "fantasea" ser,
lo que "se espera" que
sea, sino lo que es. Una tarea para la cual, admite, a menudo no
alcanza una vida, pero que justifica esa vida.
En ese punto interviene nuevamente Jacob Needleman. "Para
estar aquí y
ahora, para habitar en su totalidad el tiempo presente, hay que
tener
dos vidas simultáneas –dice–; una vida exterior
y una vida interior."
La exterior es la de nuestras actividades, la de nuestros deberes,
la
de nuestras demandas que provienen de afuera, a veces deseadas y
esperadas, otras veces no. La vida interior remite a una búsqueda
intransferible, que nadie puede hacer por cada persona. La búsqueda
de
las prioridades esenciales, de esas que no se miden por lo que
exhibimos, sino por nuestro estado emocional. Para esta búsqueda
hay
que darse tiempo. "Otra clase de tiempo" –recuerda
Needleman–, que no
está en los relojes ni en los calendarios. "El mundo
puede ser medido
con un reloj y después computadorizado", dice el filósofo.
Pero esto
es sólo la manipulación del tiempo, un ejercicio que
se realiza en la
superficie y no en la profundidad de la vida. Tiene un alto contenido
de ilusión.
La música interior
En realidad, como dice el propio Needleman, en el interior de cada
individuo hay un ritmo personal, el ritmo de su naturaleza
intransferible. Cuando las personas no están en sintonía
con esa
cadencia y aceptan, o se imponen a sí mismas, otros ritmos,
el tiempo
empieza a ser un problema en sus vidas. Y seguirá siéndolo
mientras se
lo afronte como una cuestión de medidas. El tiempo es más
que el uso
que hacemos de los nanosegundos (categoría de última
generación),
segundos, minutos, horas, días, semanas, meses o años.
"La programación y el control eficientes del tiempo
a menudo resultan
contraproducentes", apunta Stephen Covey, prestigioso asesor
en
liderazgo y autor del ya clásico Los siete hábitos
de la gente
altamente efectiva. "Administración del tiempo –añade–
es una
expresión poco feliz; el desafío no consiste en administrar
el tiempo,
sino en administrarnos a nosotros mismos."
Covey propone incluir en nuestra relación con el tiempo
una clara
concepción de nuestros valores. Relacionar el tiempo con
los valores
significa asignarlo a aquellas cuestiones que realmente son
importantes para nosotros, aquellas que están en armonía
con nuestro
ritmo y nuestra melodía interiores. En el largo, medio o
corto plazo,
dice Covey, es decisivo orientar energía y tiempo en la dirección
de
esos valores.
El tiempo "escapa", se "pierde", "escasea",
"vuela", cuando se aplica
a expectativas que no conducen a desarrollar relaciones ricas, a
satisfacer necesidades humanas íntimas y esenciales, a disfrutar
de
momentos espontáneos, no planificados y no necesariamente
"productivos". En la concepción de Covey, poner
el acento en nuestros
valores nos permite priorizar lo que de veras es importante. Cuando
no
lo hacemos, corremos detrás de lo urgente, carecemos de un
eje: los
acontecimientos (familiares, laborales, sociales) marcan nuestra
agenda. Lo urgente reclama reacción, nos saca de la ruta
por la que
veníamos, nos altera. Lo importante apunta a resultados mediatos,
a
nuestra misión en la vida, a nuestros valores y propósitos
trascendentes, que van más allá de nosotros mismos,
de nuestra
satisfacción inmediata y efímera. Ante la urgencia,
sólo reaccionamos;
ante lo que es importante, actuamos.
Nuestra relación con el tiempo necesita responsabilidad:
la facultad
del ser humano de responder a las consecuencias de sus acciones,
de
hacerse cargo del resultado de sus elecciones y decisiones. Responder
y hacerse cargo significan algo más que palabras: se trata
de
actitudes, de acciones, de conductas. El ejercicio pleno y consciente
de la responsabilidad lleva a construir una vida elegida, no una
vida
dictada. Desde ya, esa vida se construirá en la cinta del
tiempo, pero
–como señalan las consultoras Diana Hunt y Pamela Hait
en su Tao del
tiempo– "ya no remamos contra la corriente ni procuramos
forzar los
hechos", ponemos el acento en nuestro camino, en nuestra elección;
no
trabajamos contra el tiempo, apresurados por derrotar al reloj,
atiborrando nuestro calendario. Hunt y Hait dicen: "Cuando
vivimos
enfocados en el ser, se reacomodan el hacer y el tener… y
desaceleramos".
La cara del tiempo
El tiempo, en fin, somos nosotros. No está en los relojes
ni en los
calendarios. El tesoro a recuperar, cuando sentimos que el tiempo
es
una fortuna perdida, es nuestra vida. Lo que hacemos con nuestra
vida
es lo que hacemos con el tiempo. Muchos grandes humanistas (como
Erich
Fromm, Víktor Frankl, Carl Jung, entre otros) han coincidido
en que
cada existencia tiene un sentido, y que descubrirlo y esculpirlo
es
responsabilidad de cada quien. El propio Albert Camus (autor de
El
extranjero, premio Nobel de Literatura, pensador existencialista)
admitía que, aun si la vida fuera un absurdo, sólo
por eso sería
necesario darle un sentido.
Ese sentido puede caber en una frase de Thomas Jefferson: "Procura
dejar el mundo un poco mejor de como lo encontraste". Cada
persona
puede traducir esto a acciones propias, singulares, intransferibles
e
irreemplazables. Mientras no lo hace, el tictac del reloj suena
con
más intensidad. Y genera ansiedad. Cada vez que alguien se
hace
responsable de su vida, elige lo que le permite estar en armonía
profunda consigo, y no pide que le den una vida ni que se la
diagramen, sino que la construye responsablemente, su alma se aquieta,
encuentra paz. Y el reloj pasa a segundo plano. Porque el alma no
usa
reloj.
Sergio Sinay
Publicado en La Nación de Buenos Aires
Domingo 8 de Junio 2008
EL LIBRO
Jorge Luis Borges
"De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso
es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo.
El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono
es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada,
extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es
una extensión de la memoria y de la imaginación.
Todo libro que vale la pena de ser releído ha sido escrito
por el Espíritu. Es decir, un libro tiene que ir más
allá de la intención de su autor. La intención
del autor es una pobre cosa humana, falible, pero en el libro tiene
que haber más. El Quijote, por ejemplo, es más que
una sátira de los libros de caballería. Es un texto
absoluto en el cual no interviene, absolutamente para nada, el azar.
Yo he tratado más de releer que de leer, creo que releer
es más importante que leer, salvo que para releer se necesita
haber leído. Yo tengo ese culto del libro.
Yo sigo jugando a no ser ciego, yo sigo comprando libros, yo sigo
llenando mi casa de libros. Los otros días me regalaron una
edición del año 1966 de la Enciclopedia de Brokhause.
Yo sentí la presencia de ese libro en mi casa, la sentí
como una suerte de felicidad. Ahí estaban los veintitantos
volúmenes con una letra gótica que no puedo leer,
con los mapas y grabados que no puedo ver; y sin embargo, el libro
estaba ahí. Yo sentía como una gravitación
amistosa del libro. Pienso que el libro es una de las posibilidades
de felicidad que tenemos los hombres.
Se habla de la desaparición del libro; yo creo que es imposible.
Se dirá qué diferencia puede haber entre un libro
y un periódico o un disco. La diferencia es que un periódico
se lee para el olvido, un disco se oye asimismo para el olvido,
es algo mecánico y por lo tanto frívolo. Un libro
se lee para la memoria.
Tomar un libro y abrirlo guarda la posibilidad del hecho estético.
¿Qué son las palabras acostadas en un libro? ¿Qué
son esos símbolos muertos? Nada absolutamente. ¿Qué
es un libro si no lo abrimos? Es simplemente un cubo de papel y
cuero, con hojas; pero si lo leemos ocurre algo raro, creo que cambia
cada vez.
Cada vez que leemos un libro, el libro ha cambiado, la connotación
de las palabras es otra. Además, los libros están
cargados de pasado. Los lectores han ido enriqueciendo el libro.
Si leemos un libro antiguo es como si leyéramos todo el tiempo
que ha transcurrido desde el día en que fue escrito y nosotros.
Por eso conviene mantener el culto del libro. El libro puede estar
lleno de erratas, podemos no estar de acuerdo con las opiniones
del autor, pero todavía conserva algo sagrado, algo divino,
no con respeto supersticioso, pero sí con el deseo de encontrar
felicidad, de encontrar sabiduría.
Eso es lo que quería decirles hoy".
El náhuatl es un idioma tan complejo como el alemán
El escritor mexicano Carlos Montemayor, coordinador
del Diccionario del Náhuatl en el Español de México,
aseguró que ese idioma constituye un sistema lingüístico
tan complejo como el alemán. Al referirse a esta iniciativa
de la Universidad Autónoma de México (UNAM), Montemayor
comentó que a veces solemos creer que los idiomas pueden
diferenciarse por distintos grados de crecimiento y que las lenguas
con cierto desarrollo son el inglés, el portugués,
el francés, el español y que los otros, son tan sólo
dialectos.
Destacó que no hay idiomas superiores y que todos son sistemas
lingüísticos definibles en los mismos términos,
asegurando que «el náhuatl es un sistema lingüístico
tan complejo como el alemán».
Desconocemos el origen y significado de diversos términos
de nuestro español de México: los nombres de las plantas
y de las colinas, así como otra enorme cantidad de palabras
tienen su toponimia en Náhuatl, expresó. Es por ello
que reconocer a nuestro país como una nación multicultural
y multilingüe, no sólo enriquece el acercamiento a nuestro
entorno, además lo informa, añadió a través
de un comunicado.
Para José del Val, titular del Programa Universitario México
Nación Multicultural –que patrocina la iniciativa junto
con el gobierno mexicano– todo aquel que se acerque al Diccionario
se dará cuenta que esta lengua (el náhuatl) es suya.
No queremos sustituir al español, sino simplemente reconocer
el carácter multilingüe de la sociedad mexicana, y es
algo que tenemos que recuperar, pues el náhuatl y otras lenguas
indígenas están recluidas en el hogar, comienzan a
relegarse porque no tienen ningún uso ni relevancia fuera
de un entorno íntimo familiar, aseguró.
El náhuatl es la lengua indígena con mayor número
de hablantes, con más de un millón, en los estados
de Guerrero, Morelos, Puebla, Veracruz, Hidalgo y el Distrito Federal,
entre los más representativos.
En este contexto, presentó el Diccionario Náhuatl
en el Español de México, este sábado en la
Antigua Capilla del Palacio de Minería, con la presencia
de personalidades como Miguel León Portilla, Carlos Montemayor,
José del Val, Enrique Rivas Paniagua, Librado Silva y Enrique
García Escamilla.
www.lapalabradeldia.com
La Nueva Gramática de la lengua
española
Por Shelmar Vásquez Sween, La Prensa, Panamá
La Nueva Gramática de América que probablemente
verá la luz entre finales de 2008 y comienzos de 2009, ya
es considerada por los miembros de la Real Academia Española
(RAE) como un hito en la historia del estudio de la lengua castellana
que, hoy día, es utilizada por unos 400 millones de usuarios
nativos, según el último censo (2007) realizado por
la entidad.
Este texto, que vendrá a reemplazar la obsoleta edición
elaborada en 1931 —la cual sufrió unas leves actualizaciones
en 1973— contendrá en su versión completa más
de 2.500 páginas y, en su forma abreviada de tipo manual,
tendrá 600 páginas aproximadamente.
Según el catedrático de lengua española de
la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Fernando Lázaro
Mora, por primera vez en la historia la RAE decidió convocar
a las veintidós academias establecidas en el mundo para la
realización de este texto. Explica que al involucrar a todas
las academias de Iberoamérica, España, Estados Unidos
y Filipinas, se logra reflejar en un texto lo que nunca antes se
había hecho: recoger y plasmar las diferentes formas en que
se habla y se entiende el español en el mundo entero. Lázaro
Mora argumenta que no ha sido fácil llegar a consensos. Pero
el resultado final después de más de diez años
de discusión, análisis y acuerdos ha sido sorprendente
porque se logra aclarar casi 88 años de dudas sobre el lenguaje
español, desde sus perspectivas de sintaxis, fonética,
morfología, fonología, normativa y matiz.
Por su parte, el académico de la RAE Ignacio Bosque, quien
planeó la elaboración de la nueva gramática,
confesó que no hay trampas en este "tan esperado texto"
porque no se le ha permitido a los actuales guardianes de la lengua
incurrir, en la que era considerada una práctica común
entre sus antecesores, la de archivar cualquier detalle gramatical
que se vislumbrara como un problema difícil de resolver.
Por esto, Bosque se atreve a asegurar que la nueva biblia del español
no tendrá nada que ver con aquellos textos que se creaban
con bases tradicionales, siendo al final, poco descriptivos y rudimentarios;
más bien, se trata de una herramienta cons-truida con una
nueva metodología que incorpora innumerables hallazgos encontrados
sobre el castellano universal.
www.elcastellano.org
En
hommage à la poétesse chilienne Gabriela Mistral
Haïti - Chili : Célébrer la poésie en
terre caribéenne autour de thèmes évocateurs,
comme l'exil.
Vendredi
19 janvier 2007
Par Djems Olivier
Comme des adeptes, en quête de bénédiction,
ils étaient nombreux, ce soir-là, à se rassembler
dans les jardins de l’Institut français d'Haïti
(IFH), à l'écoute du poète haïtien Claude
Pierre et de son homologue chilien Luis Del Rio Donoso.
P-au-P, 19 Janv. 07 [AlterPresse] --- Attablés
côte-à-côte, comme deux complices, sur la petite
tribune de l’Institut français, les deux poètes,
Claude Pierre (Haïti) et Luis Del Rio Donoso (Chili), étaient
entourés, en ce soir du jeudi 18 janvier 2007, de quatre
autres personnes, dont l'Ambassadeur chilien accrédité
dans la république caribéenne, Marcel Young, et le
directeur de l’institut Paul-Élie Lévy, dans
le cadre de ce « Dialogue poétique ».
Amants des belles Lettres, jeunes poètes
haïtiens, chacun prenait place dans l’assistance pour
écouter ces deux vétérans de la poésie
latino-américaine, invités à partager leurs
« itinérances » avec le public haïtien.
« Je suis très surpris ce soir, parce
que, en général, la poésie ne fait toujours
pas bonne recette », s’étonne, d’entrée
de jeu, le Poète et Linguiste haïtien Claude Pierre.
Cette soirée était considérée
comme un hommage à la poétesse, pédagogue et
activiste chilienne Gabriela Mistral, de son vrai nom Lucila Godoy
y Alcayaga, Prix Nobel de Littérature en 1945. C’était
donc le premier Prix Nobel de littérature décerné
à une écrivaine hispano-américaine.
Ce Dialogue poétique, qui a reçu
le soutien de l’Ambassade du Chilien en Haïti est dédié
« en mémoire d’une femme, Gabriela Mistral, qui
nous a laissés, mais qui est toujours parmi nous »
à travers ses œuvres, a déclaré le diplomate
chilien Marcel Young, assis à côté de l’artiste
chilienne, Évelyne Mozalez.
Des poèmes, du premier Prix Nobel hispano-américain
de Littérature,
ont été lus en Espagnol, en Créole et en Français.
A Port-au-Prince, une exposition baptisée
« América es mi Victoria », en hommage à
la poétesse Gabriela Mistral, est ouverte à la Fondation
Connaissance et Liberté (FOKAL) depuis le mardi 16 janvier
2007.
Selon l’Ambassadeur Young, Gabriela Mistral
était la voix des personnes sans voix, des femmes, des hommes
de la terre, des ouvriers.
Les deux poètes invités en cette
soirée n’ont pas pris du temps pour répliquer.
Del Rio-Donoso et Pierre ont commencé leur
« Dialogue » en mettant l'accent sur des mots, comme
l'Exil, l'Absence, la Générosité, la Tolérance,
la Vertu, qui mènent, selon eux, à la réflexion.
Pour le Poète chilien résidant en France, la poésie
n'est ni le texte ni les mots.
C'est tout simplement ce que vous ressentez. A chaque bout de phrase
de Luis Del Rio Donoso, il y avait toujours une réplique
poétique de Claude Pierre, tantôt avec des textes extraits
de son recueil « Le Voyage Inventé », tantôt
avec des expressions métaphoriques qui incitent tout un chacun
à se plonger dans l’univers poétique pour le
meilleur et pour le pire.
Le thème « Exil » apparaît
dans les principaux textes dits par ces grands poètes qui,
tous deux, ont connu l'exil pour échapper aux régimes
dictatoriaux qui ont sévi dans leur pays d’origine.
Luis Del Rio Donoso a été contraint
à laisser illico le Chili, en 1977, à destination
du Venezuela, après le coup d'Etat de feu Général
Augusto Pinochet en septembre 1973. Le poète, qui a grandi
dans l'univers des quartiers populaires de Santiago dans les années
mille neuf cent cinquante (1950), réside jusqu’à
aujourd'hui en France. Sa poésie est nourrie de ses voyages
et de ses souvenirs d’enfance.
Claude Pierre, quant à lui, est parti au
Canada en 1970 sous la dictature de François Duvalier où
il fait des études en littérature et linguistique,
d’abord à l’Université Laval à
Québec et, par la suite, jusqu’au niveau du doctorat
à l’université d’Ottawa. De retour au
pays, en 1986, à la chute de la dictature trentenaire, Claude
Pierre a été nommé professeur de littérature
contemporaine à l'Université d'État d'Haïti,
enseignant la méthodologie et la sémiotique. Sa poésie
a pour thème majeur la générosité, sans
céder pour autant au misérabilisme ni réduire
ses enjeux à la seule question identitaire.
Né à Corail (Grande Anse, Sud-Ouest
d'Haïti) le 28 février 1941, Claude Pierre se distingue
par une poésie, écrite en Français et en Créole,
qui tend la main sans distinction de frontières, de couleurs
ni de condition sociale.
Djems Olivier [AlterPresse]
source : http://www.alterpresse.org/spip.php?article5601
Interview Luis del Rio-Qu'est ce que la Poésie pour
vous? http://www.artslivres.com/ShowArticle.php?Id=129
L’héritage
de Neruda
Le mot qui vienne à mon esprit après
avoir lu le Chant Général c’est le terme de
RESISTANCE.
J’imagine Neruda parcourant les différentes régions
du Chili, clandestinement, après avoir été
banni par Gonzalez Videla en 1947 pour avoir écrit un pamphlet
contre le gouvernement dans le style du « J’accuse »
d’Émile Zola. Je l’imagine écrivant sur
plusieurs morceaux de papier ce qui sera, à posteriori, un
des livres majeurs de la littérature latino-américaine
et du monde. Pour lui, comme pour tout poète, le fait d’écrire
et de décrire est déjà une résistance.
Dire NON à l’oubli parce qu’oublier c’est
ne pas avoir vécu. Et la poésie est, entre autres,
l’expérience, le vécu et la trascendence. Le
Chant Général est l’exploration de plusieurs
univers, c’est donc une résistance créative
aidant à modifier la réalité.
Car pour un poète travailler l’écriture
c’est essentiellement explorer sa vie intérieure, c’est
apprendre à déchiffrer les messages de l’existence,
décrire la topographie naturelle et surtout donner un sens
aux expériences gardées dans la mémoire. La
polyphonie du langage écrit traduit la pensée silencieuse
et dignifie l'humain. En poésie, les schémas traditionnels
de l'écriture ne sont pas importants. L'essentiel ne possède
aucune explication logique. La raison raisonne, le poétique
se ressent, parce qu'au-delà de tout le raisonnable, le poète
cultive la sagesse des émotions et des abîmes humains.
Il écoute les silences, il explore les mystères et
rend possible l'impossible grâce à la métaphore.
Son langage possède une autre dimension : celle des sensations
et de l'imagination effervescente ; il s'efforce de représenter
l'inexplicable.
Un poète a toujours l'imagination en mouvement.
Il s'enveloppe de plusieurs cultures parce que pour lui, imaginer
signifie transformer. Sa pensée recrée par des images
la symbiose quotidienne de la raison et de la spiritualité
qui enrichit tout langage. Car tout être est une parole qui
crée. Et comme d’autres poètes ou d’autres
philosophes, Pablo Neruda avait compris que le verbe se faisait
mot jusqu'aux dernières cendres. Il s’est interrogé
sur nos origines et pour lui, l’histoire Universelle a commencé
dès la découverte du Nouveau Monde. Il a poétisé
les étapes de la conquête et valorisé nos ancêtres
indigènes. Il a remis à leur place les conquérants
de l’épée et de la croix.
Son imagination déborde. Pour lui imaginer
c'est découvrir et faire découvrir le réel
et l'irréel. C'est transformer le voyage onirique en une
invitation constante pour créer des utopies face à
une réalité parfois sinistre. La réalité
éclairée par une poésie plus profonde provoque
la révélation, ou tout du moins, une nouvelle interrogation.
Écrire de la poésie, donc c'est sonoriser
ce qui ne se voit pas mais se ressent, c'est conjuguer le verbe
aimer dans chaque être, dans chaque objet, dans chaque murmure
de la nature et dans chaque sensation pour qu’ils fleurissent
sur les lèvres du verbe. La parole et seulement la parole
métaphorique valorise l’existence. Le Chant Général
c’est le miroir où nous pouvons nous regarder nous-mêmes
et redécouvrir une variété inépuisable
des visages du monde. Voilà un des aspects transcendantaux
du recueil. Et si parfois certains thèmes semblent récurrents,
il y a toujours le miracle de l’illusion qui nous fascine.
Avec le temps, tout se défait et tout s’envole.
Mais le murmure d’une phrase ou la lecture d’images
qui nous émeuvent et que nous garderons toujours en mémoire
continueront à broder les fils de notre existence. En effet,
au-delà du temps la parole est vitale pour résister
à l’esclavage moderne qu’est la domestication
des esprits. Et rien n’est plus ennuyeux aujourd’hui
que d’écouter la répétition de paroles
sans âme. C’est la nouveauté qui provoque l’étonnement.
C’est le métissage linguistique qui aide au développement
des langues et surtout à leur survie. Nous retrouvons dans
la polyphonie du Chant générale une diversité
d’expressions et de rythmes qui n’ont pas échappé
aux musicologues de différentes nationalités. Plusieurs
poèmes ont été mis en musique et principalement
cette Cantate de Theodorakis. Personnellement je reste avec la Tonada
à Manuel Rodriguez, ce guérillero de l’époque
de l’indépendance, personnage romantique, habile, qui
s’est opposé aux Espagnols en déclenchant une
sorte de guérilla urbaine. Il fomentait des actions dans
toutes les zones du Chili, mais l’armée officielle
ne l’a jamais capturé.
Tous ces airs font partie d’un héritage
artistique important grâce au poète chilien. Mais,
à mon avis, le grand héritage réside dans la
diversité des styles et des sujets abordés qui vont
de la chronique, à l’histoire ou à la nature.
Tout est poésie.
Neruda a déclaré que nous sommes les chroniqueurs
d’une naissance d’Amérique retardée. Mais
retardée par le féodalisme, par la faim et la stagnation.
Il ne s’agit pas seulement de préserver notre culture,
mais de la livrer à toutes nos forces, de la nourrir et de
lui permettre de fleurir.
La parole du poète a survécu à de rudes épreuves.
Mais il n’a pas chanté en vain. Trente ans après
le coup d’état au Chili, ses mots possèdent
encore une force morale qui nous invite à continuer cette
résistance. La bête est toujours là. Elle est
sur les visages des hypocrites qui ont ni patrie ni frontières.
Les vers du Chant général doivent nous servir à
nous maintenir en éveil afin de poursuivre notre lutte pour
notre droit à rêver, contre les inégalités
et la mondialisation de la stupidité. Le poète nous
demande d’être créatif pour modifier la réalité.
Et comme il l’écrit à la fin de son livre :
Ma parole renaîtra, Dans un autre temps sans douleur peut-être…Et
l’on verra flamber à nouveau et très haut Mon
cœur brûlant et étoilé.
Luis DEL RIO DONOSO
Note
Texte lu à Saint-Yorre, le Samedi 1 Juin 2002, pour les
Cinquante ans du Chant Général, organisé par
l’association Araucaria. Ils ont participé le traducteur
du poète Claude Couffon, la comédienne Catherine Allégret
et le Chœur et Orchestre de Clermont-Ferrand sous la direction
de Claude Giot.
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