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Poesia
Peruana contemporanea
© La Porte
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Atala Matellini
Su actividad como poeta se desarrolla en los últimos años
dentro del marco del Consejo Nacional de Mujeres del Perú.
Ha sido publicada en diferentes antologias nacionales e internacionales.
Desde 1996 es Corresponsal de nuestra revista La Porte des Poètes
y su labor es fecunda, imparcial y de excelente calidad, dando a
conocer innumerables poetas y escritores poco conocidos de su pais,
al ambito europeo.
Libros publicados :
Pasos y Nostalgias, Vertiente y Vibraciones (Perú), Agua
Viva. Cuadernos de Selección Caín Número 45,
Madrid-España. Estancia Ïntima, Bogotá-Colombia.
El siguiente poema ha sido publicado en la antología de poesía
amorosa, del Círculo de Bellas Artes-Palma de Mallorca
Escritos en la oscuridad
en el nombre del mar que respira
conjugados en la fecunda gota del amor
construídos entre la sed y la armonía
estación luminosa
donde la esperanza habla
se alza y se quiebra
donde se enciende la yesca
y tu mirada me alcanza
me acuna
me enreda, me espacia
sobrevuelo cada filo de tu orilla
en la penumbra que nos une
Marcados por el silencio
tejidos hilo a hilo
en el universo que germina
en la música del agua
Flor de remolinos
buscando la miel en cada rama
desechos en cada terrón
hasta poder abrazar el viento
hasta enterrarnos sin asombro
Escritos en cada pisada
fundidos en cada instante
mes a mes, año a año
bordando los calendarios
que marcan nuestros rostros
Escritos en el sol
en cada llama, en cada rayo
en el soplo del viento
en cada espiga
sobre la ceniza del Todo
donde volvemos a ser
hasta tocar nuestras heridas profundas
luz que nos abraza
nos traspasa y nos construye
en el nombre del agua que nos une y germina
Manuel Pantigoso Pecero, poeta, crítico
literario y maestro universitario. Realizo estudios de literatura,
pedagogía y arte en Perú, Brasil, España e
Italia. Doctor en Literatura y Filología y Doctor en Educación.
Profesor emérito de la Universidad Nacional de San Marcos
y profesor Honorario de la Universidad San Luis de Gonzaga de Ica.
Miembro de Número de la Academia Peruana de la Lengua, correspondiente
de la Real Academia Española y Miembro Correspondiente de
la Academia de Letras de Sao Luis de Maranhao (Brasil). Actualmente
es Director de la Oficina de Extensión Universitaria y Proyección
Social de la Universidad Ricardo Palma. Ha obtenido los Premios
Nacionales Javier Prado (1970) y de Teatro Escolar (1980 y 1983)
del Teatro Universitario de San Marcos (TUSM).
ABISMOS
Abismos de torrenteras
bajaron del Ande
alturas de nieve y barro
en el vidrio de tus ojos
¿Qué fugaz reflejo ahogó tu mano
surcos de poncho y tu sombrero?
¿Y ahora?
El Huascarán va por tus ojos
en la boca de tus ojos
en la muda mano de tus ojos.
Por trizar la palabra
una ala negra voló un segundo
su desolación a mares
(el huayco de la muerte vació tus ojos
de frente)
Tu retina decretó una lluvia
redonda
inmutable.
NERVADURA
Es que desliza el cielo desvelado de la nube
el río umbilical a tus espaldas flota
y rutila al pescador en su cedazo
el cabello de tus pastos
las algas de tus muslos
como ave antígua desprende setos y zarzas y rastrea
ceñida en mis ramas tus pistilos
a puro pico la yerba de tu pubis
la cuenca que encarama los rescoldos de la ola
de sal al fuego
para pulsar más aún el día
-hasta el exilio reprimido el vasallaje-
licuado en tus senos el sueño fluído de los
lirios
y ya no ser más ni árbol ni sobral ni pájaro
sólo gema verde rediviva
trillada planicie/ férvida palabra
desde el humus de tu cuerpo
hasta la brisa que chispea polvo nuevo
perfumado.
Doris Moromisato (Chambala, Lima,
1962).
Graduada en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad
Nacional Mayor de San Marco. Ha publicado : Morada donde la luna
perdió su palidez, Chambala era un camino y Diaro a la mujer
esponja, así como el libro de crónicas Okinawa. Un
siglo en el Perú. Sus poemas, cuentos, ensayos y crónicas
están incluidos en diversas antologias y traducidos a diferentes
idiomas. En 1992, junto a Martha Meier Miro Quesada, fundó
la Red Nacional de Acción Ecologista del Perú (RENACE
Perú) y es editora de la Colección Espejo/Poetas por
la Naturaleza. En el 2006 la Prefectura de Okinawa la nombró
Embajadora de Buena Voluntad. Actualmente es columnista de Discovery
Nikkei Website, y desde el 2005 tiene a su cargo la organización
de las ferias de libros como Directora Cultural de la Cámara
Peruana del Libro.
De su último libro Paisaje Terrestre.
CORNAMENTAS
La pradera era amarilla cuando vi la luz.
Mis ojos despegaron la lluvia cubriendo mis pestañas.
Escalofríos y calambres, mis escuálidas piernas.
Ah, madre acariciaba mi rostro,
lamía mi pelaje, lenta, infinita.
Cuánta dulzura en mi boca, ¿por qué desdeñar
este sol
que calentaba mis orejas, igual que en su vientre?
Después de ese amor todo era fácil, trepar
los montes, esquivar las espinas, la muerte
merodeando detrás de los árboles, de una oscura mira.
Qué súbito placer la primera baya entre mis dientes,
la primera fragancia de la hierba, las hojas
en el otoño, susurrando debajo de mis patas.
La pradera era verde cuando el cielo derramaba azul
sobre los árboles y ramas crecieron de mi frente
cuando ella avistó mis ojos.
El amor era su aroma de hembra, la cadencia
de su anca brincando las acequias.
Su cuerpo era un remanso, brillante, incontenible
bajo mi salvaje frenesí.
Era como este celaje que envuelve mi vista
aquí, bajo los matorrales
donde aguardo para morir mueren las bestias,
abandonando mi cuerpo en el polvo,
oyendo como avanza el agua en el manantial,
esperando que la última gota de sangre fluya
de mi pecho
por culpa de una bala que atraviesa mi corazón
y mansamente hundo
el hocico en la oscuridad.
AMAZONAS
Cuajado de dudas, don Francisco de Orellana cruzó el inmenso
mar.
Las constelaciones lo guiaron a través de la Larga Noche.
Remontando el olor salobre de la azul distancia
palpó las costas de estas nuevas tierras con sumo cuidado
como saboreando una dulce naranja, recién abierta.
Sobre el lomo de su bestia tramontó las altas montañas
y al descender el último peldaño
continuó cabalgando frágiles canoas
hasta ser devorado por su inexorable destino.
Absorto, descubrió la lluvia convertirse en interminable
lodo
lepidópteros y guacamayos imitando carnavales
lagartos devorándolos y serpientes enroscasdas a las ramas
como en el Libro de las Sagradas Escrituras que leyó desde
muy niño.
Pero la creación del mundo no cesaba allí,
de la frondosa planicie de árboles
se abría como una inmensa herida
un tajo dulce y caliente de agua.
¿Qué mar es este dentro de este verde mar
que rodea mis espaldas?, preguntó Orellana.
¿A dónde ha de conducirme si remonto sus tibias aaguas?
Nadie respondió, pues los mapas aún se hallaban inconclusos
y solo él
hallaría la respuesta si surcaba, espada en mano,
la corriente inédita y oscura...
Lo veo venir desde muy lejos, barbado y sucio
lleno de sudor y picado de innumerables insectos,
con la boca abierta incapaz de comprender tanta belleza
tanta vastedad poblada de orquideas y otorongos
de camungos y sajinos conviviendo juntos
como en los primeros días de la creación
Lo escucho aullar de dolor bajo el peso de una inmensa boa
ahuyendando con sus gritos a los manatíes que lo observan
azorados
temblar bajo la tormenta cuando la balsa inclina peligrosamente
su proa.
Lo presiento herido, curando con saliva las llagas de su cuerpo;
lleno de deseo y maldiciendo al cielo, cuando por entre los árboles
atisba a las guerreras lavar sus fieros cuerpos con el agua de la
lluvia
y ellas
sólo buscan su rojo corazón para depositar el veneno
de sus flechas.
Lo veo dormir bajo la luna llena, despierto detrás de su
ojo cerrado
espantando a los zancudos que lastiman su piel mediterranea
(herético, soñando ser Dios cubierto de luciérnagas
y maleza).
Lo imagino levantarse a medianoche a refrescar su frente
empapado e insomne, intentando apagar la fiebre y la locura
a la que ha encomendado su vida este insoportable descubrimiento...
Lo veo frente a mí, varios siglos después
convertido en frío mármol, desfiándome
mientras saboreo un helado de limón y espero
que de ese mismo río tu vuelvas a mí
surcando mi infinita tristeza
verde
con la ropa cubierta de luna
Malecón de Iquitos, abril de 1990
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Perou
Site de Machu Picchu
Poètes reconnus :
Cesar Vallejo, Cesar Moro,
José Maria Eguren, Manuel González Prada,
José Santos Chocano, Manuel Scorza, Javier
Sologuren, Blanca Varela, Emilio Adolfo
Westphalen, Carlos Germán Belli,
Antonio Cisneros, Yolanda Westphalen,
Manuel Pantigoso, Giovanna Pollarolo,
Jorge Nájar, Elqui Burgos, Cecilia Bustamante,
Marco Martos, Enrique Verástegui,
Alejandro Calderón, José Velarde,
Doris Morimosato, Atala Matellini
Et d’autres...
Notre correspondant :
Mme. Atala Matellini (Lima)
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